El otro día fui a Zaragoza. Le monté una cita a mi novia: una exposición sobre Marilyn Monroe y luego una cena en un buen sitio.
La exposición fue una maravilla. Está hasta este fin de semana en el Centro de Historias de Zaragoza (te lo digo por si te pilla cerca) y es una colección de fotos que Milton Greene le hizo a Marilyn cuando esta estaba en su prime: se estaba desligando de Fox y quería montar su propia productora para llevar su carrera como ella quería dentro del star system del Hollywood de los años 50.
No hay foto mala. Hasta en las fotos que le tomó en la piscina, con Marilyn sin maquillar, dejando ver sus pecas de manera natural, son bonitas.
Yo no puedo determinar si Marilyn Monroe era buena actriz o no. No he visto todas sus películas y, si las he visto, han sido dobladas. Además, la manera de actuar de entonces es muy diferente a la de ahora y tampoco puedo juzgar con los ojos de las espectadora moderna. Pero desde luego, era fotogénica y sabía cómo mirar a la cámara (y cómo dejar que la mirara).
Al final, no pude completar la cita como quería y en lugar de ir a un buen sitio acabamos en la Mejillonera. Clásico bar de calamares bravos en una bocacalle del paseo Independencia que ha criado fama y se ha echado a dormir.
Eso sí, rápidos son. Aún no habíamos terminado de pedir y ya lo teníamos en la mesa. Para servir barato, debes rotar mucho la clientela.
Pese a los calamares blandos y las bravas a medio cocer, era una noche agradable. Había mucho ambiente por las calles de Zaragoza: despedidas de soltera en el Tubo, terrazas completas, familias paseando, desubicados intentando ligar con nosotras... ¡Cualquiera diría que estamos en plena crisis inflacionaria!
Y por suerte, el tiempo acompañaba, cosa muy improbable en la capital maña. No hacía ni calor, ni frío, y tampoco soplaba ni el cierzo ni el bochorno. ¡Rápido, pide un deseo!
El caso es que estábamos ahí cenando tranquilamente y de repente, en la otra punta del bar, se oye una voz masculina y grave que grita: Pedro Sánchez, hijo de puta.
Así, sin más.
Nos giramos. Hubo risas de un par de camareros. No sé si cómplices o abochornadas, pero las hubo.
Y yo pensé: cómo de podrido tiene que tener el cerebro ese señor para que, mientras está disfrutando de una noche con su familia o amigos, tomando algo, con buena temperatura y un ambiente agradable, tenga que soltar eso como si tuviera síndrome de Tourette.
Me recordó a Wilson de la novela 1984 y su doble pensar. En la mente del señor que gritó debe estar rebotando de manera constante esas palabras, "Pedro Sánchez, hijo de puta", sin dejar espacio para nada más. Como cuando en la novela no hay espacio para nada más que para el Dos Minutos de Odio, donde el sistema absorbe toda la energía vital y de conciencia, convirtiendo cualquier resquicio de humanidad o de paz interior en un fanatismo automático. Los Dos Minutos de Odio son un ritual diario de manipulación psicológica y propaganda en la novela de George Orwell, donde los ciudadanos se reúnen frente a pantallas para expresar ira colectiva contra los enemigos del Estado. Sólo que en esta sociedad hiperconectada, los Dos Minutos de Odio son 24 horas de Odio y la pantalla, en lugar de ser colectiva, es individual y en la palma de tu mano.
Me imagino que a ese señor que gritó "Pedro Sánchez, hijo de Puta" algo le interrumpió sus 24 horas de Odio. Le debió aparecer una grieta, yo qué sé, pensar en qué bien lo estaba pasando, qué agradable, qué buen rato, cuánto ambiente, y algo se activó en su cerebro. "¿Qué dices? Es imposible que estés disfrutando en esta España en crisis, invadida por los moros, gobernada por unos corruptos, secuestrada por Pedro Sánchez, hijo de puta". Y, claro, tuvo que saltar el resorte y gritar para espantar esos pensamientos.
Estos han sido mis 2 Minutos de Desahogo.
En la próxima carta te traeré una novedad en la que he estado trabajando (espero 🤞).
Volvamos a la vida, al criterio propio, a protestar por lo que hay que protestar y a ser amables.
Frente al odio, solidaridad, amor y alegría, que ya lo dijo la Pantoja: dientes, dientes, que es lo que les jode.