Hola, ¿qué tal?
Espero que estés bien; yo, un poco mosca, la verdad.
El otro día en el café hablaron de que el 2026 es el año de la nostalgia.
Hubiera pasado por alto el comentario si no fuera porque he escuchado podcasts, leído entrevistas, visto vídeos de youtube en los que se repite la idea de que el regreso de la derecha es inevitable.
Hay una especie de murmullo constante, un mantra derrotista que dice que la historia es un péndulo o un círculo cerrado. Nos dicen que es inevitable que la derecha vuelva como han vuelto los pantalones de pernera ancha, que el progreso es una ilusión y que estamos condenados a repetir "una batalla tras otra".
Hoy escribo para decirte algo importante: No te lo creas.
Ese discurso de la "inevitabilidad" no es una observación histórica neutral; es una estrategia de desmovilización. Quieren que nos rindamos antes de empezar, que aceptemos la derrota como una ley de la física. Pero el tiempo no es un horario de tren predecible, y mucho menos un círculo que nos devuelve siempre al mismo punto de oscuridad.
La idea de que el tiempo es una línea recta hacia el "progreso" siempre ha sido puesta en cuestión (de hecho es bastante moderna). Pero la idea de que es un círculo es aún más peligrosa, porque borra nuestra agencia.
Desde una perspectiva queer, entendemos el tiempo de otra manera. Ya os he hablado alguna vez del concepto de crononormatividad, de Elizabeth Freeman: ese uso del tiempo para organizar la vida humana en torno a hitos "normales" (nacer, casarse, reproducirse, morir). La derecha ama ese tiempo porque es predecible y controlable... por ellos. Cuando nos dicen que "la derecha siempre vuelve", están intentando aplicar esa misma lógica normativa a nuestra resistencia. Quieren que sintamos que nuestra lucha es un paréntesis entre dos épocas de orden conservador.
Nuestra existencia misma es una anomalía en su sistema circular.
No estamos en el mismo lugar que cuando empezamos. Cada vez que ellos intentan volver, se encuentran con una arquitectura de derechos, de cultura y de identidades mucho más sólida que la anterior. No somos las mismas personas que hace diez, veinte o cincuenta años.
Durante años, hemos ido depositando historias, ficciones (en formato canción, novela, película...) que han creado un humus fértil, una capa de tierra húmeda y llena de nutrientes1 que ya es imposible de ignorar.
Esa literatura ha hecho algo revolucionario: ha permitido que nos imaginemos. Y lo que se imagina, empieza a existir. Cada novela que has leído, cada canción que has cantado a grito pelao, es una semilla en ese humus que sostiene tus pies hoy. Es una memoria colectiva que nos dice que, aunque ellos vuelvan a las instituciones, no pueden volver a nuestras mentes ni a nuestra forma de desear.
No nos vamos a rendir porque sabemos que el tiempo es, en realidad, un rizoma: se expande en mil direcciones, crea túneles donde nadie los ve y florece en los lugares más inesperados. La derecha puede ganar elecciones, pero no puede recuperar el control sobre nuestros cuerpos, nuestros deseos y nuestra forma de entender el mundo. Eso ya ha cambiado para siempre.
Debemos sentirnos orgullosas de haber roto con ese tiempo normativo y haber enseñado a nuestros coetáneos que otro tiempo es posible, más expansivo, más ramificado, más luminoso. ¿Quién querría volver al pasado sino aquellos que pisoteaban las flores?
Mantente firmemente anclada a este rizoma, mantente luminosa. El futuro no es lo que va a pasar, es lo que estamos haciendo ahora mismo, tú y yo, mientras nos negamos a creer que el tiempo les pertenece.
Con cariño,

Relacionado con esto:
- carta-29-mayo-no-te-guardes-nada
- carta-37-enero-el-hilo-que-nos-une
- #Mafin y la reparación de los relojes (blog)
- El método narrativo queer(blog)